Todo el mundo quiere ser como Apple

No es la primera vez que oigo: “nuestra marca es como el Apple de esta categoría”. Otros dicen, mi producto es el “i-pod de los..” limpiadores, jabones, golosinas, zapatos, etc. Y yo me pregunto: ¿Sabrán realmente lo que hay detrás de Apple y estarán dispuestos a correr los riesgos que ha corrido Apple? De seguro que no. Tengo que decir que me parece bastante inocente en algunos anunciantes colombianos pensar que basta con querer emular a una de las marcas más atractivas del mundo para llegar a tener el éxito de Apple.

¿Sabrán que los productos que llevan la marca Apple son, antes que nada, obras de arte? ¿Cuántos empresarios colombianos ven realmente su producto como una obra de arte? Si lo vieran así no estarían tan preocupados por evaluar todo. Nadie ha hecho una obra de arte preguntándole a todo el mundo su opinión. Como bien dice Steve Jobs (fundador de Apple): “La gente no sabe lo que quiere hasta que alguien se lo muestra”. Frase que sin duda nos recuerda aquella de Henry Ford sobre el automóvil: “Si le hubiera preguntado a la gente qué quería me habrían pedido un caballo más rápido”.

La primera diferencia con Apple es que los empresarios colombianos tienden a evaluarlo todo, no con esta actitud tan inteligente de aprender de la evaluación sino con la actitud insegura de quien pareciera que está jugando a la ruleta y no siguiendo un proceso profesional de innovación. Son esos empresarios que no producen nada si no están seguros de que ya alguien triunfó con un producto similar en algún otro lado. Y todavía tienen el descaro, de llamar a su proceso “innovación”. Esos empresarios no deberían nunca atreverse a decir que su producto o que su publicidad se inspira en Apple. Simplemente por que no es verdad.

No es verdad que las marcas colombianas cuyos mensajes publicitarios son una larga lista de atributos pueden decir que se inspiran en Apple. Tampoco aquellos que en el punto de venta parecen una cartelera de mensajes, chispas y stickers. Nada más simple que Apple, cuyas tiendas son un espacio minimalista dedicadas únicamente a la experiencia de producto. Nada más simple que la publicidad de i-pod que muestra el goce incontenible que produce tener toda la música que a uno le gusta en el bolsillo. Nada más.

Y por último, la obsesión por la calidad. Cuentan que Steve Jobs alguna vez rechazó un modelo que estaba perfectamente construido y tenía un funcionamiento perfecto, pero al abrirlo, se veían algunos cables. A la protesta de quienes estaban mostrándole el modelo, Jobs replicó: “Un buen carpintero no deja malos acabados en la parte de atrás de un mueble solamente porque nadie lo va a ver”. Seamos honestos: ¿Cuántos productos colombianos pasarían la prueba de Jobs?

Ver el producto como una obra de arte. Tener la seguridad de un artista que sabe que están haciendo algo realmente sorprendente, que rompe los esquemas. Obsesionarse por hacer todo lo más simple posible y, claro, la calidad. Quien lo haga puede decir que se inspira en Apple. No es imposible. Tampoco es impensable en Colombia. Se trata de tener la actitud antes que nada. Se trata de tener espíritu crítico sobre nosotros mismos y de arriesgarnos. Sin riesgo no hay creatividad. ¿Por qué será que estamos en un país en el que las marcas y los empresarios se arriesgan tan poco?

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