Los Juegos Olímpicos y el nuevo consumidor

Me atrevería a decir que estamos ante los primeros Juegos Olímpicos de la historia que tienen como espectador al nuevo consumidor. Ese consumidor que tiene el poder y la capacidad de interconexión para obtener la verdad. Ese consumidor que cuestionó la política exterior de China frente al tema del Tibet antes de que lo hiciera Hillary Clinton. El nuevo consumidor es el que ha hecho los cientos de blogs que hablan de la contaminación en Beijing y que han regado como pólvora los detalles “falseados” de la inauguración.

Ese consumidor que nos grita “quiero la verdad” es el mismo que hoy tiene el poder para crear un blog y compartir con sus amigos todos los detalles que tal vez se hubieran quedado encubiertos. Muchos dirán que hace cuatro años también existía Internet. Seguramente, pero no existía Facebook con sus cerca de 500 grupos relacionados con los Juegos Olímpicos, para mencionar sólo un caso. Hace cuatro años era mucho más frecuente que la gente usara Internet como fuente de información y mucho menos como espacio de creación o interacción.

Beijing 2008 es también la primera vez que más personas se informarán sobre los Juegos Olímpicos por Internet que por cualquier otro medio. En el mismo momento en que los canales tradicionales de televisión están anunciando que permitirán a los usuarios acceder en internet a los contenidos que anteriormente estaban únicamente en televisión paga. Es el momento del nuevo consumidor que no tiene límites, que reclama el acceso gratuito a los contenidos y que no acepta que se pongan límites a su pensamiento crítico.

Lo más paradigmático de todo esto, es que los Juegos Olímpicos tienen hoy lugar justamente en China, uno de aquellos países en los que existe la censura en Internet. Más de 60 normas regulan todos aquellos sitios en los que se critican temas que van desde la corrupción hasta la decepción por el doblaje de la voz de la niña cantante en la inauguración. Afortunadamente, y como una prueba más del poder de ese nuevo consumidor, ha surgido a lo largo y ancho de China una ola de mensajes de texto y de correos electrónicos en los que esos nuevos consumidores están compartiendo información y denunciando todos aquellos hechos con los cuales no están de acuerdo. Con todo y censura, la palabra “Tibet” ha sido buscada en los últimos meses en Google por los propios chinos mucho más que en todos los años recientes (ver gráfica). Esto sin duda demuestra el poder de ese consumidor inquieto, activo y crítico frente a las versiones oficiales.

La lección que nos queda: El poder del consumidor es cada vez más una realidad y el afán por encontrar y desenmascarar las verdades, difícilmente podrá ser limitada por la censura. Al ver todos estos fenómenos de usuarios interconectados, de comunidades que rechazan y se oponen a las versiones oficiales, nos preguntamos ¿será que los de Beijing pasarán a la historia como los primeros Juegos Olímpicos del nuevo consumidor?

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